VINOCRÓNIKAS

5 claves del método Vika para conectar con el vino

Un enfoque directo, sensorial y con cero solemnidades innecersarias.

El vino como experiencia activa

En VIKA trabajamos con una idea sencilla: el vino no se entiende, se vive. Por eso nuestro método de enología emocional® no se basa en memorizar descriptores, sino en activar algo mucho más potente: nuestra capacidad natural de sentir, jugar, recordar y expresar. Las cinco claves que desarrollamos aquí nacen directamente de los principios que guían todas nuestras experiencias: simplicidad, sensorialidad, juego, emoción y
memoria. Son la columna vertebral de nuestras Vinocronikas y el motor de nuestra forma de hacer enología emocional®.

1ª Clave: La simplicidad como punto de partida

Empezamos por lo esencial: hablar claro. El mundo del vino se ha envuelto durante años en complejidad voluntaria. En VIKA hacemos justo lo contrario. Si la persona que está frente a la copa no entiende lo que siente, nada avanza.

En nuestras Vinocronikas iniciamos cada sesión recordando que no hace falta “saber de vino” para disfrutarlo. La simplicidad libera. Permite que el participante entre en la experiencia sin filtro, sin presión y sin la obligación de sonar técnico. Aquí nadie repite manuales: cada uno explora desde su percepción.

Lo sorprendente es que, cuando quitamos capas, aparece más precisión. La simplicidad abre la puerta a una conexión real

2ª Clave: Activar la sensorialidad : usar el cuerpo como herramienta

La segunda clave es poner el foco en lo que muchas veces pasa desapercibido: los cinco sentidos. El vino es un estímulo multisensorial, pero solemos centrarnos solo en el olfato y el gusto. En VIKA ampliamos el mapa.

Observamos cómo se mueve la textura, cómo suena la copa, cómo reacciona el cuerpo al primer sorbo, qué pasa en la respiración… Esta ampliación sensorial no complica la experiencia; la vuelve más nítida.

En enología emocional® entendemos que el cuerpo almacena información valiosa. Cuando un vino “te activa”, “te calma” o “te ordena”, no es una metáfora: es tu sistema sensorial poniéndose en marcha. Y cuanto más lo escuchas, más entiendes lo que te ocurre con cada vino.

3ª Clave: Introducir el juego: porque la seriedad nunca ha sido un requisito

La tercera clave del método VIKA es el juego. Y sí, lo decimos en serio: jugar abre más puertas que cualquier manual de cata. El vino siempre ha funcionado mejor en compañía y en contextos donde la rigidez no tiene espacio.

En nuestras Vinocronikas proponemos dinámicas diseñadas para desarmar la formalidad: preguntas inesperadas, ejercicios rápidos de percepción, relatos espontáneos. Le damos permiso al grupo para que se sorprenda, para que ría, para que se descoloque. Cuando el juego entra en escena, la percepción se afina y la conversación se vuelve más auténtica.

Esta actitud lúdica es una herramienta metodológica, no un adorno.
Permite que cada persona acceda a su experiencia sin autocensura.

4ª Clave: La emoción como guía: lo que sientes tiene valor técnico

Aquí llega uno de los pilares de la enología emocional®: la emoción es un dato. No la tratamos como algo secundario o subjetivo sin utilidad. Lo que sientes al probar un vino —tranquilidad, energía, claridad, expansión— forma parte del análisis.

En nuestras VIKAS invitamos a identificar la emoción que se activa sin intentar justificarla. Cada vino despierta algo distinto en cada persona, y precisamente ahí está el valor. La emoción ordena la percepción: te señala si ese vino encaja contigo, si te acompaña, si te desafía.

Incorporar la emoción como dato técnico democratiza el vino. Ya no tienes que explicar aromas; basta con explicar tu respuesta interna. Eso sí es conectar.

5ª Clave: La memoria como ancla: lo que recuerdas es lo que te define

La última clave es la memoria. No la memoria académica, sino la memoria sensorial y emocional. En VIKA sabemos que recordamos más lo que sentimos que lo que nos explican. Por eso, en cada Vinocronika, registramos lo que deja huella: el momento que evoca el vino, la sensación que permanece, la imagen que aparece sin avisar.

La memoria transforma el vino en experiencia. Hace que, semanas después, puedas revivir lo que sentiste con un simple aroma. Y también
permite comparar tu evolución: cómo cambia tu percepción de un vino según el día, el contexto o tu propio estado.

Para nosotros, la memoria no es un archivo; es un mapa que se expande cada vez que vuelves a la copa.

Sustituir el "sé objetivo" por el "sé coherente"

La industria del vino insiste desde hace décadas en la objetividad. En VIKA, en cambio, defendemos otra cosa: coherencia personal. No buscamos que dos personas describan un vino igual, sino que cada una describa lo que experimenta… y lo haga con honestidad.

Entendemos que cuando una persona se permite escuchar su cuerpo —cómo se mueve la acidez, cómo vibra la textura, cómo cae el sorbo— aparece una claridad sorprendente. De repente, el lenguaje se simplifica y se vuelve más útil: ya no hablamos de “bouquet evolucionado”, hablamos de “un vino que se despliega lento”, “un vino que me aviva” o “un vino que me ordena”.

Esta coherencia interna permite que cada participante cree un mapa propio de sensaciones. Y cuanto más propio es ese mapa, más fácil se vuelve conectar con cualquier vino.

Conectar con el vino empieza por conectar contigo

El método VIKA no pretende volver a enseñar lo que ya enseñan otros. Pretende ampliar la forma en que vivimos el vino. Desde la simplicidad, la sensorialidad, el juego, la emoción y la memoria, cada persona construye una experiencia propia, libre y coherente.

Eso es lo que impulsa nuestras Vinocronikas y lo que define nuestra visión de la enología emocional: un enfoque que devuelve al vino su función original —provocar encuentros, activar sentidos y generar momentos que después recordamos— mientras tú descubres una forma más honesta y personal de disfrutarlo.

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